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El yoga, una forma de ser y estar en el mundo


El yoga es “una manera de aprender a disfrutar de la vida” y hacerlo “más profunda, plena y auténticamente”. No se trata, afirma Godfrey Devereux, de un código fijo con el que se pretenda establecer o imponer lo está bien y lo que está mal, lo que se debe hacer y no hacer”. Es, simplemente, “una forma diferente de aprender a vivir la vida”.


Lejos de lo que muchos pueden considerar, el yoga no es una religión, sino una práctica espiritual a la que cada uno puede traer sus propias creencias. Muchas veces vivimos nuestra vida a partir de determinados valores que nos han sido inculcados a lo largo de los años. Lo que se busca a través de la práctica es que el yogui y la yoguini se lleguen a replantear esos esquemas, descubriendo así sus propios valores, sueños y deseos.


El yoga no es excluyente. En ningún sentido. Al contrario, permite que cualquiera, independientemente del tipo de vida que lleve, se pueda acercar a su filosofía. No existe ninguna ocupación o situación que no se pueda mejorar mediante la práctica. Como dice el maestro B.K.S. Iyengar, el yoga está “dirigido al desarrollo de toda la humanidad en los niveles físico, mental, intelectual y espiritual” sin distinción de personas, sexos o razas.

Gracias a las asanas uno mismo aprende a observar su propio cuerpo, a la vez que ayuda a que la mente esté en constante alerta para evitar que las posturas se realicen de forma mecánica. Lo que se busca es alcanzar una práctica consciente, un aspecto que se puede y se debe extrapolar a todos los ámbitos de la vida cotidiana. La práctica ayuda a centrarse en el momento actual, dejando de lado el pasado y un futuro incierto que aún está por llegar. Así lo señala Igor de Gracia cuando afirma que cuando practicamos yoga llevamos experiencia del momento presente, lo que nos hace más inteligentes y seguros.

En “Los Yoga sutras”, Patañjali dice concretamente que “la práctica de asanas nos protegerá de los peligros y vicisitudes de los extremos”. Como nuestra mente es dualista, debemos contar con la suficiente fortaleza corporal y mental para controlarnos a nosotros mismos para tener una vida plena. Comer desaforadamente un día y ayunar el siguiente no es sensato. Si un amigo te decepciona y esto te llena de amargura, de cólera o de resentimiento, tampoco es sensato. Porque si estamos oscilando entre extremos, tanto a nivel conductual como emocional o mental, significa que debemos continuar con la práctica de asanas.


Y es que lo que se busca, en definitiva, es el equilibrio. Un equilibrio entre las distintas partes del cuerpo fisiológico, de la mente y de nuestro ser que nos permita ser mejores con nosotros y con los demás.

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